La ira más peligrosa suele provenir de personas de buen corazón. Ellos suelen ser silenciosos y tranquilos en su día a día, eligiendo una y otra vez perdonar y ceder; pero cuando la paciencia se agota y alcanzan su límite, una vez que estallan, es difícil volver atrás. Por eso, no pongas a un buen hombre en una situación desesperada, porque cuando colapsan por completo, las consecuencias suelen ser irreparables.

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