La esencia de la pobreza: es una condición social moldeada y reforzada a largo plazo por fuerzas estructurales, cuyo núcleo no reside en cómo los individuos toman decisiones bajo restricciones parciales, sino en cómo estas restricciones son continuamente producidas por instituciones, historia y relaciones de poder, comprimiendo sistemáticamente las oportunidades de las personas. En este sentido, la pobreza no es un "resultado de elección", sino una estructura de distribución con límites predefinidos, que hace que los puntos de partida en educación, atención médica, capital y capacidad de resistencia al riesgo se diferencien continuamente entre diferentes grupos, y que estas diferencias se solidifiquen a través de la transmisión intergeneracional. Reducir la pobreza principalmente a asimetrías de información, sesgos en incentivos o fallos de mercado local, aunque puede explicar algunos fenómenos conductuales, tiende a enmascarar problemas más profundos: quién define las reglas, quién distribuye los recursos, y por qué estas reglas permanecen estables a largo plazo favoreciendo a ciertos grupos y desfavoreciendo a otros. Por lo tanto, la pobreza no es solo un problema de eficiencia o de optimización en decisiones, sino un mecanismo estructural que reproduce desigualdades de manera continua.

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