La personalidad de los chinos: no creen en las reglas, pero veneran el poder y temen al poder.


Se adaptan más a la autoridad personal que a la ley, saben que la medida de la autoridad personal puede ser larga o corta, saben dónde hay espacio para el arrendamiento, saben cómo aprovechar ese espacio.
Esta “capacidad” no es una habilidad de unos pocos, sino un “instinto de supervivencia” ampliamente domesticado.
No necesitan aprender el sistema, solo aprender a las personas.
El sistema es muerto, las personas están vivas; el sistema está escrito en papel, las personas controlan la medida.
Quien controla la medida, quien realmente establece las reglas.
Por eso no sienten reverencia por las reglas, solo las evalúan.
Puedes ver cómo funciona este sistema en una calle común:
Si pasan unos pocos coches de policía, la gente instintivamente se aparta, no por las reglas, sino porque eso representa un poder intocable.
Si pasa un coche de lujo a toda velocidad, con un sonido estridente y una velocidad exagerada, la gente mira, discute, pero no realmente cede el paso, incluso algunos conductores intencionalmente se colocan delante, porque eso solo significa “dinero”, no “poder”.
Si es un triciclo, un vehículo eléctrico, se irán en sentido contrario, se colarán, cambiarán de carril libremente, porque saben: las reglas no los constriñen, el costo es casi cero.
En la misma calle, tres comportamientos completamente diferentes, pero detrás de todo hay un principio unificado: quien tiene costo, respeta las reglas; quien no tiene costo, define las reglas.
Esta es su comprensión básica del mundo.
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