Los expertos suelen crear su propia buena suerte, y la clave radica en tres tipos de pensamiento:


Primero, ampliar el radio de la vida. Si siempre estás atrapado en una línea recta, la probabilidad de que surjan nuevas oportunidades es muy baja. Acércate a nuevos entornos, nuevos círculos, y amplía tanto tus límites físicos como cognitivos; la posibilidad de que la buena suerte aparezca aumentará naturalmente.
Segundo, mantener una sensación de relajación. Cuando una persona se fija obsesivamente en un objetivo y se esfuerza demasiado, es fácil caer en un círculo vicioso de pensamiento estrecho, y en lugar de ver oportunidades, se ciega. Relajarse adecuadamente y mantenerse en un estado más abierto permite captar los recursos a tu alrededor. Muchas oportunidades suelen aparecer en momentos en los que no estás tan obsesionado.
Tercero, desarrollar una “mentalidad de afortunado”. Cuando las cosas no van bien, en lugar de sumergirte en la mala suerte, subconscientemente piensa: “Por suerte no fue peor.” Este estado mental te dará una sensación de control, te ayudará a recuperarte más rápido y evitará que la mala suerte se intensifique.
En definitiva, la buena suerte no es cuestión de azar, sino de si estás usando la manera correcta para que ocurra más fácilmente.
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