No permitas que nadie establezca delante de ti una supuesta “ventaja psicológica”, porque esa ventaja en esencia no es algo que la otra persona posea de forma natural, sino que es algo que tú entregas poco a poco cuando te importa, te pones nervioso y te sobre reflexionas. Otros pueden intentar presionarte con indiferencia, alardes, menosprecio o silencio, pero para que esas formas realmente funcionen, tú debes aceptarlas, y por eso mismo, tambalearte, justificarse o perder el control emocional. En realidad, la evaluación de los demás es solo su expresión, no equivale a tu valor; pueden ser arrogantes, pero permitir que esa arrogancia te afecte es tu elección. La clave está en recuperar el derecho a evaluar, separar su comportamiento de tu valor: lo que dicen y hacen refleja más a ellos mismos; cómo respondes tú, en cambio, decide si te afectan o no. Mantén una distancia suave, sin confrontar ni justificarse, considerando las emociones y actitudes del otro como un fondo y no como el centro, así no serás llevado por ellas. Mientras no entregues el derecho a explicar, los demás no podrán definirte realmente.

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