La verdadera buena educación no solo consiste en transmitir conocimientos y habilidades para los exámenes, sino que lo más importante es ayudar a una persona a entender el mundo real: comprender las reglas, ver las diferencias, entender la complejidad de la naturaleza humana, y al mismo tiempo mantener un juicio básico y una línea de fondo. No evita las imperfecciones de la realidad ni simplifica el mundo como algo puramente cruel, sino que, sobre la base de comprender la realidad, fomenta la capacidad de pensar de forma independiente, el hábito de crecimiento continuo y la motivación interna. En comparación con la etiqueta de “élite” externa o el empaquetado educativo, el núcleo de la educación radica en si realmente promueve el crecimiento y el progreso del individuo. Cada camino educativo tiene sus ventajas y desventajas; lo importante no es la forma, sino si puede estimular el potencial del estudiante. Las diferencias individuales ciertamente existen, pero no lo deciden todo; el entorno y el esfuerzo siguen teniendo un papel importante. Al final, las personas que realmente pueden llegar lejos suelen poseer tanto una motivación interna como una percepción clara de la realidad y una visión más amplia.

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