Últimamente he visto que alguien preguntaba qué es una cartera fría, así que mejor pongo en orden mi comprensión. Hablando de carteras de criptomonedas, muchos principiantes no lo tienen claro; en realidad, no es como una cuenta bancaria que realmente guarda dinero, sino un contenedor digital usado para almacenar, enviar y recibir activos virtuales.



El núcleo de una cartera son tres cosas: clave privada, clave pública y dirección. La clave privada es la más importante, porque quien la tenga puede controlar todos los activos en la cartera, así que nunca debe ser revelada. La clave pública es una marca que usan los mineros para verificar, y la dirección es tu ubicación en la cadena de bloques, que puedes compartir con otros para que te transfieran fondos. En pocas palabras, la cartera es como un pasaporte en el mundo de la cadena de bloques, la llave para entrar en este mundo.

Dependiendo de si está conectada a internet o no, las carteras se dividen en dos grandes categorías. La cartera caliente funciona en línea, incluyendo carteras de intercambio, plugins de navegador (como MetaMask) y aplicaciones móviles. La ventaja es que las transacciones son fáciles y rápidas, pero el riesgo es que puede ser objetivo de hackers. Especialmente las carteras calientes de los intercambios centralizados, que aunque en teoría son tuyas, en realidad no tienes control total, sino que confías en la custodia del intercambio. El caso de FTX en quiebra es una lección viva: muchas personas vieron sus fondos congelados y sin poder recuperarlos. Desde entonces, ha habido una gran transferencia de bitcoins desde las carteras calientes de los intercambios a las frías. Los datos muestran que en ese momento se transfirieron 450,000 bitcoins, y algunos grandes intercambios incluso desaparecieron en pocos días con decenas de miles de bitcoins.

En comparación, la cartera fría es un dispositivo hardware que almacena las claves privadas offline, generalmente en forma de USB o disco duro, que solo se conecta a la computadora cuando se necesita usar. Es mucho más seguro porque los hackers no pueden robar las claves en línea. Las marcas más conocidas en el mercado son Ledger, Trezor y CoolWallet, con precios que rondan entre 100 y 250 dólares.

Pero las carteras frías también tienen desventajas, que muchos no notan. Primero, el costo de compra: hay que pagar por el hardware, y su manejo es más complejo que una cartera caliente, por lo que no es muy amigable para principiantes. Al comprar, hay que hacerlo a través de canales oficiales y revisar el paquete al recibirlo, para evitar que alguien instale software malicioso. Además, si pierdes la cartera fría, aunque solo necesitas recordar la clave privada y la frase de recuperación para restaurar tus fondos, esto también representa un riesgo para la mayoría de las personas.

Mi consejo es usar la cartera caliente para transacciones diarias, por su conveniencia y rapidez. Pero si tienes una cantidad considerable de activos o planeas no moverlos por mucho tiempo, deberías preparar una cartera fría para almacenarlos. Especialmente en tiempos de alta volatilidad, mantener tus fondos en tus propias manos con una cartera fría es la opción más segura. En lugar de confiar en los intereses de un intercambio, es mejor tener el control total, para no verse envuelto en riesgos desconocidos.
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