Una persona que permite de manera prolongada que ciertos asuntos ingresen en su vida será moldeada en ese mismo sentido. La calidad no equivale a ser costoso, sino a mantener dentro de nuestras capacidades una actitud de “menos pero mejor, sin conformarse”, mediante la selección activa de productos cotidianos, información, relaciones sociales y tiempo, estableciendo gradualmente estándares más altos y una mayor claridad en el juicio. Esas decisiones aparentemente pequeñas entrenan continuamente la forma de pensar y los hábitos de decisión de una persona, al mismo tiempo que reducen las interferencias de baja calidad, disminuyen el desgaste interno y hacen la vida más sencilla, ordenada y controlable. En última instancia, la esencia de una vida de calidad no es una mejora en el consumo, sino la autogestión: usar las decisiones para moldear el entorno, y usar el entorno para moldear a uno mismo, logrando así una sensación de felicidad más estable y duradera.

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