Has ayudado a otros, pero en cambio ellos han desarrollado resentimiento hacia ti. Detrás de esto se esconde un mecanismo psicológico muy común llamado malicia del beneficiario. No es que la otra persona no sea agradecida, sino que a veces este resentimiento es difícil de detectar y no se puede controlar. La naturaleza de cada uno de nosotros, en realidad, necesita mantener el narcisismo, buscar la igualdad y la sensación de superioridad. Cuando tu ayuda y apoyo rompen la frontera de seguridad de la otra persona, su autoestima y su autoidentificación se ven amenazadas, e incluso puede sufrir una disminución en su autoevaluación. Y cuando la otra persona no puede manejar sus emociones negativas como la vulnerabilidad o la impotencia, proyectará su ira hacia ti, desarrollando sentimientos de aversión y resentimiento. Si además la persona tiene heridas no sanadas, incluso puede distorsionar la realidad, sospechando de tus intenciones y motivaciones. Para evitar la malicia del beneficiario, la mejor estrategia es no ofrecer ayuda sin condiciones ni límites, y no actuar proactivamente en cosas que crees que beneficiarán a la otra persona antes de que te lo pidan. Debemos aprender a ayudar con moderación, sin interferir en la vida del otro ni cargar con sus problemas personales.

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