Las personas que se enojan fácilmente son todas de personalidad ordenada, siempre tienen en mente lo que debería y lo que no debería ser. Crees que las cosas deben hacerse de cierta manera, pero cuando sucede algo diferente a lo que esperabas, te enojas muchísimo. Lo que hace que la ira suba de repente no es lo grave que sea la situación, sino que simplemente no debería haber ocurrido. El sufrimiento de una persona no proviene del evento en sí, sino de la creencia irracional de que todo debe ser absoluto, correcto y obligatorio. La madurez de una persona no se refleja en que todo lo que hace cumpla con las expectativas, sino en que puede aceptar con calma que ocurran cosas que no cumplen con esas expectativas. Cuando buscas orden, solo obtienes una apariencia de orden, pero cuando abrazas la aleatoriedad, tendrás el control total. Debemos aprender a permitir que todo suceda.

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