La razón por la que una persona se vuelve lenta o torpe suele no ser innata, sino el resultado de permanecer durante mucho tiempo en un entorno que la niega y la descalifica. Que la presionen continuamente hará que la persona, poco a poco, deje de pensar; la falta de confianza hará que pierda el criterio; si se limita su manera de expresarse, la mente se vuelve más lenta; si no se obtiene reconocimiento, se perderá la motivación para actuar; que la rebajen con frecuencia provocará dudas sobre uno mismo; y si siempre le señalan defectos, acabará sin atreverse a tomar decisiones. Con el paso del tiempo, la gente se acostumbra a “pausar el pensamiento” de forma automática, y parece que se ha vuelto más tonta. La manera real de romper el círculo vicioso es reducir e incluso alejarse de esas personas y de esos entornos que te niegan de manera constante, y volver a un espacio en el que se te permita expresarte, probar cosas y recibir validación.

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