La pérdida de buena fortuna no es simplemente una cuestión superficial de matar y comer carne. Cualquier acción que consuma tu energía, tiempo y vida, y que no sirva realmente a tu cuerpo, mente y misión de vida, está dañando tu buena fortuna. Por ejemplo, usar el teléfono de manera compulsiva, vivir sin moderación, trabajar en exceso, tener demasiadas reuniones sociales, llevar una alimentación poco saludable, sumergirse en el alcohol, la sexo, la fama y la riqueza, o en relaciones humanas complicadas, son formas de desperdiciar energía limitada en asuntos insignificantes. La verdadera buena fortuna proviene de enfocarte en mejorar tu cuerpo, alma, carrera y misión de vida. La energía de una persona es limitada; cuando se dispersa en asuntos sin sentido, se consume la energía que podría haber generado buena fortuna. Muchas personas creen que están esforzándose, pero en realidad están “esforzándose en dañar su buena fortuna”, desviándose de la dirección correcta en la que deberían invertir. La energía, la vitalidad y el espíritu se consumen, el tiempo se desperdicia, y la carrera, el cuerpo, la mente y la vida no pueden florecer plenamente. La raíz del daño a la buena fortuna radica en el uso incorrecto de la energía vital, no en una acción específica en sí misma.

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