El esclavo es un estado, mientras que el sirviente es una actitud mental. Para pasar de esclavo a sirviente, se necesitan cumplir tres condiciones: primero, debes encontrar placer en la vida de esclavo, apoyándote en la autoafirmación espiritual; segundo, no solo soportas las insultos, sino que también te aprovechas de los más débiles, como "A Q" en la novela de Lu Xun, que tras ser golpeado por sus subordinados, busca la oportunidad de oprimir a las monjas; tercero, el sirviente siempre piensa en convertirse en amo, sueña con tener sirvientes, algo que el esclavo no posee. La contraseña de la esclavitud, que ha perdurado durante miles de años, hace que las personas, cuando son oprimidas, no se atrevan a resistir, pero puedan encontrar en el abuso de los débiles una forma de sobrevivir. La forma más efectiva en que los señores feudales mantienen su poder es haciendo que los esclavos tengan la ilusión de convertirse en señores, aceptando así complacientemente su situación actual. Más aún, hacer que cada persona acepte el orden social, acostumbrándose a la existencia de los "superiores", sin cuestionar la injusticia. Porque, en cuanto un esclavo obtiene incluso un pequeño poder, suele volverse arrogante y despotricar, repitiendo la brutalidad de quienes están en la cima.

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