¿Por qué muchas personas saben pero no pueden hacerlo? Esto no se debe a la falta de autodisciplina o fuerza de voluntad, sino a que “saber” y “hacer” pertenecen esencialmente a dos sistemas diferentes: el primero es una comprensión a nivel cognitivo, que se utiliza para explicar el mundo; el segundo es un sistema de comportamiento impulsado por las rutas y estructuras en la realidad. La gente suele pensar erróneamente que solo con entender la razón, la acción cambiará automáticamente, pero en realidad, la mayoría de las conductas ocurren de forma automática siguiendo rutas de bajo costo ya existentes, y están influenciadas continuamente por retroalimentaciones a corto plazo y el refuerzo del entorno, incluso formando una inercia. Por lo tanto, incluso si una persona sabe claramente qué es mejor, mientras la estructura no cambie, su comportamiento seguirá en la misma trayectoria antigua. El cambio real no depende de una voluntad más fuerte, sino de reconstruir las rutas de comportamiento: ajustando el entorno, modificando los costos y las retroalimentaciones, haciendo que los nuevos comportamientos sean más fáciles de realizar. Cuando las rutas son rediseñadas, la acción cambia naturalmente, y “hacer” deja de ser una lucha y se convierte en el nuevo estado predeterminado del sistema.

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