La apariencia determina si es posible estar juntos, la personalidad decide si son compatibles, la materia determina si pueden mantenerse estables, y la confianza decide si podrán estar juntos a largo plazo. Una buena relación, en pocas palabras, se basa en cuatro cosas: que te parezca agradable a la vista, que te sientas cómodo con la otra persona, que tengas tranquilidad en tu bolsillo y que puedas confiar plenamente. Si falta alguna de estas, la relación puede terminar a mitad de camino. Cuando encuentras a alguien que te parece extremadamente agradable, en realidad no es casualidad; es una parte de ti que no ha sido vista, que encuentra resonancia en otra persona. Tu atracción en esencia es tu alma reconociendo a su igual. Que dos personas se lleven bien no significa que tengan una personalidad perfecta, sino que aceptan mutuamente las partes auténticas del otro, que han alcanzado una resonancia material entre sus personalidades, y que esa conexión es la externalización de una sensación de seguridad interna. El dinero y la estabilidad no son búsquedas vulgares; son el prototipo de un refugio interno. La confianza no es una emoción pasajera, sino una elección: la voluntad de abrirse a la otra persona en las partes más íntimas y vulnerables, sin defensas ni dudas. Por eso, deja de pensar que en el amor basta solo con amar; cuando estas cuatro cosas están presentes, es cuando se alcanza una felicidad sólida y estable.

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