No intentes cambiar la percepción de nadie.


Nunca intentes cambiar la percepción de los demás; esto es más difícil que cavar en la tumba de tus antepasados y puede herir a otros.
La percepción de cada persona está construida poco a poco a partir de sus experiencias pasadas, su visión, su círculo social, sus obsesiones; es la lógica fundamental en la que se basa su existencia, la verdad y la dignidad que él reconoce.
Si quieres derribarla o corregirla, en esencia estás negando su pasado, cuestionando sus decisiones, destruyendo su identidad.
Las personas solo creerán en lo que están dispuestas a creer, solo vivirán en la jaula de percepción que ellas mismas han construido.
Presentas hechos, argumentas con lógica, te abres de corazón, pero para el otro, no es buena intención, sino una ofensa, un desafío, una espada que lo hace sentir incómodo.
Las diferencias en percepción no necesitan discusión; si no comparten valores, no hace falta caminar juntos. No es necesario despertar a quien finge dormir, ni convencer a los obstinados, ni forzar a otros a estar en tu misma sintonía.
Permite que los demás sean quienes son, permite que tú seas quien eres, suelta la obsesión de cambiar a los demás; esa es la mayor claridad de un adulto, y también la forma más suave de liberarse a uno mismo.
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