La verdadera sabiduría que parece simple no es fingir estupidez, guardar silencio o ser modesto en la superficie, sino una capacidad más profunda: poder entender la situación, discernir cuándo guardar silencio y cuándo debe hablarse; también controlar la expresión sin reprimirse a uno mismo, no es que no se sepa hablar, sino saber cuánto decir y en qué ocasión es más apropiado; al mismo tiempo, poseer verdadera capacidad real, solo que no mostrarla fácilmente en tiempos normales, pero poder actuar de manera decisiva en momentos críticos y resolver problemas. Lo que siempre ha inspirado respeto no es el silencio prolongado, sino ese tipo de personas que son tranquilas en la vida diaria pero que, cuando es necesario, pueden resolver las cosas de un solo golpe. Este es el núcleo verdadero del "la sabiduría profunda parece simple".

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