Lo que se conoce como mentalidad de "cliente principal" no es enseñar a los niños a dirigir o criticar a otros, sino cultivar desde temprana edad la capacidad de ser responsables de sí mismos, tener opiniones propias, saber elegir y expresarse bien. En pocas palabras, se resume en tres puntos: tomar decisiones por uno mismo, ser responsable de las propias elecciones y expresar la propia posición. La verdadera mentalidad de "cliente principal" no es que otros me escuchen, sino que pueda responsabilizarme de mi propia vida. Al aprender a ser un "cliente principal", los niños se atreven a liderar, pueden enfrentar desafíos y evitan el desgaste interno.

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