Cuando uno está solo, prefiere las cosas de la naturaleza: los árboles, los ríos, las flores. Siente que ellos expresan su propio ser, siente que se convierten en uno con ellos. Al comprenderse a sí mismo, surge una ternura inexplicable, como si estuviera en contacto con su propio interior. La soledad es un encuentro con uno mismo en esta vida, y la verdadera ternura consiste en no evitar nunca mirarse cara a cara. Cuando te quedas despierto en la madrugada por alguna emoción, es precisamente entonces cuando el alma está creciendo en sus anillos de vida.

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