La compasión más elevada es comprender simultáneamente las limitaciones del otro y las propias limitaciones. Comprender las limitaciones del otro significa darse cuenta de que: no es que no quiera tratarte bien, sino que no puede dar lo que no tiene; no es que te dañe intencionalmente, sino que está atrapado en su propia percepción y no puede ver tu dolor; tampoco es que no esté dispuesto a cambiar, sino que el pasado lo mantiene inmóvil, sin poder moverse. Comprender las propias limitaciones significa admitir: yo tampoco puedo dar lo que no tengo, también pierdo el control, también carezco, y posiblemente estoy hiriendo a otros sin saberlo. Cuando ves esto claro, te sientes aliviado y dejas de esperar que alguien que nunca ha probado dulce te dé azúcar, dejas de esperar que alguien que nunca ha visto la luz te saque de la oscuridad, dejas de esperar que alguien que se está ahogando en el agua salga a la orilla para salvarte. Entiendes que cada persona tiene sus propias limitaciones, así como tú tienes las tuyas. En ese momento, recoges las expectativas que habías dispersado sobre otros y las devuelves a tus propias manos. Descubrirás que solo hay una forma de resolver todos los problemas: buscar dentro de ti. El mundo exterior nunca se puede controlar; la percepción, el ritmo y las limitaciones de otros son su propia lección. Lo único que puedes controlar es a ti mismo, tus elecciones, tus acciones, lo que puedes dar y lo que necesitas recuperar. Libera a otros, y al mismo tiempo te liberas a ti mismo.

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