El gran caída del oro esta ronda no es una "falla de cobertura de riesgos", sino un cambio en la lógica de fijación de precios

Últimamente, muchas personas reaccionan de inmediato tras la caída brutal del oro: ¿no se decía que en tiempos de caos hay que comprar oro? ¿Por qué, si el riesgo geopolítico aumenta, el oro cae tan fuerte? Creo que precisamente ahí está la parte más interesante para profundizar en el mercado actual. El oro no ha perdido valor, sino que su poder de fijación de precios ha cambiado en el corto plazo, pasando de una “prima de refugio” a una expectativa de reinflación, dólar fuerte y aumento de las tasas reales. A finales de enero, el oro spot alcanzó cerca de 5594 dólares, y el 19 de marzo bajó a 4612 dólares, una caída significativa, pero en esencia, más parece una reevaluación concentrada de un activo en niveles altos ante un cambio en la narrativa macro, que un colapso de la lógica a largo plazo.

Muchos solían entender el oro como un activo que sube ante cualquier riesgo, pero el mercado de 2026 ha demostrado que esa visión es demasiado simplista. Cuando los conflictos geopolíticos generan principalmente pánico, el oro se beneficia; pero si estos conflictos elevan los precios del petróleo, las expectativas de inflación y el dólar, el oro no necesariamente subirá, e incluso puede caer. Porque el oro, en esencia, no genera intereses. Cuando el mercado empieza a preocuparse por un repunte en los precios energéticos, retrasos en los recortes de la Fed y tasas reales altas, el costo de mantener oro aumenta y su valoración se comprime. En otras palabras, la presión sobre el oro ahora no se debe a que el mercado ya no necesite refugio, sino a que percibe que la combinación de “altos precios del petróleo + altas tasas” tiene un poder de daño más fuerte a corto plazo que la simple compra de refugio.

Por eso, para juzgar la tendencia del oro en 2023, no basta con preguntarse si habrá guerra, sino que hay que seguir tres líneas principales que realmente determinan su dirección: primero, si los precios del petróleo se mantienen en niveles altos; segundo, si la Reserva Federal mantendrá las tasas altas por más tiempo; y tercero, si el dólar seguirá absorbiendo fondos de refugio a nivel global. Mientras estas tres variables sigan evolucionando en una dirección que perjudica al oro, incluso si hay rebotes, estos serán más bien correcciones por sobreventa, no un regreso a la subida acelerada del inicio de año.

Pero esto no significa que el oro vaya a entrar en un mercado bajista en 2023. Prefiero pensar que 2026 será el año en que el oro pase de un “año de aceleración alcista” a uno de reevaluación en niveles altos. Es decir, el entorno de tendencia alcista fuerte ya se rompió, pero la lógica fundamental que respalda el oro a largo plazo no ha desaparecido. Los bancos centrales siguen comprando oro, la demanda de ETFs no ha disminuido, y la tendencia de diversificación de reservas globales continúa. La mayor ventaja del oro es que no es un activo impulsado solo por el trading, sino que aún cuenta con reservas oficiales, fondos de inversión a largo plazo y necesidades de cobertura de riesgos globales. Por ello, aunque en el corto plazo pueda caer mucho, no parece un activo que pueda convertirse fácilmente en un mercado bajista profundo a largo plazo, sino más bien uno que, tras una reevaluación en niveles altos, busca volver a encontrar su ritmo de subida.

Desde la perspectiva del ritmo anual, creo que en la primera mitad del año el oro probablemente seguirá siendo difícil. La razón es simple: el mercado todavía está operando bajo la lógica de “precios del petróleo en alza, inflación, Fed en modo restrictivo y dólar fuerte”. En esta fase, el oro tenderá a mostrar alta volatilidad y oscilaciones reiteradas; su tendencia puede no ser mala, pero difícilmente será tan clara y limpia como el año pasado. El cambio de punto más relevante probablemente no será en los eventos de riesgo en sí, sino en cuándo estos eventos comiencen a reflejarse en una contracción de la economía. Cuando los altos precios del petróleo y las tasas altas comiencen a frenar claramente el crecimiento, el empleo y el consumo en EE. UU., la lógica de valoración del mercado cambiará de “reinflación” a “crecimiento desacelerado”. En ese momento, la lógica a medio plazo del oro mejorará.

Esa es también la razón por la que soy más optimista respecto a la segunda mitad del año. En la primera mitad, el mercado teme que la inflación vuelva a avivarse; en la segunda, si la economía empieza a mostrar signos de desaceleración, el mercado volverá a descontar recortes en las tasas, y el oro volverá a beneficiarse del apoyo de las tasas de interés. En resumen, lo más probable es que el oro en 2023 no suba en línea recta ni caiga en línea recta, sino que pase por una fase de “primer presión, luego estabilización y finalmente recuperación”. En ritmo, probablemente será una primera mitad con movimientos bajistas y una segunda con mejoras graduales, formando un año de alta volatilidad y rango amplio, sin repetir la tendencia acelerada y unidireccional del año pasado.

Si tuviera que hacer una evaluación más cercana a un marco institucional, dividiría 2023 en tres escenarios. En el escenario base, los precios del petróleo se mantienen en niveles altos pero sin descontrol, la Fed mantiene una postura hawkish pero sin incrementos claros, y el dólar sigue fuerte pero sin apreciaciones extremas. En este contexto, el oro probablemente oscile en un rango amplio, con tendencia ligeramente alcista, con un nivel medio por debajo de los picos extremos del inicio de año, pero aún por encima de los niveles actuales al cierre. En un escenario optimista, si los precios del petróleo bajan, la economía desacelera y la Fed envía señales más claras de flexibilización, el oro podría volver a atacar máximos previos e incluso acercarse a los 6000 dólares. En un escenario pesimista, si los precios del petróleo permanecen en niveles altos, la inflación vuelve a subir, y la Fed no relaja su postura, mientras el dólar sigue absorbiendo flujos de refugio, el oro enfrentará una mayor compresión de valoración.

Pero, en este momento, no apoyo la visión de que el oro esté “terminado”. Al contrario, creo que lo que hay que tener más en cuenta es otra posible equivocación: interpretar una caída a corto plazo como una reversión de tendencia a largo plazo. La subida del oro en el último año no se debió solo al riesgo geopolítico, sino a una reevaluación más profunda de los activos globales. Mientras los bancos centrales sigan acumulando reservas de oro, mientras las instituciones sigan considerando el oro como una cobertura a largo plazo, y mientras la demanda de diversificación fuera del sistema dólar siga vigente, la lógica macro del oro no se ha destruido. Lo que cambia es el ritmo, no la dirección; la valoración, no la posición del activo.

Por eso, mi conclusión principal sobre el oro en 2026 puede resumirse en una frase: en el corto plazo, neutral y cauteloso; en el mediano, con oscilaciones alcistas; y en el año, con una estructura de “presión en la primera mitad y recuperación en la segunda”. El oro no ha perdido valor, sino que está en un proceso de reequilibrio desde una prima emocional hacia una valoración macroeconómica. Para quienes hacen inversiones a medio plazo, lo más importante este año no será seguir cada noticia, sino vigilar tres variables: petróleo, Fed y dólar. Solo si uno de estos tres elementos cambia de forma significativa en una dirección determinada, la próxima fase de mercado del oro se reactivará.

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