Debes aprender a separar lo bueno y lo malo de una persona, no mezclarlos, y mucho menos usar uno para compensar el otro, evitando caer en confusión cognitiva. Si una persona ha cometido un mal sustancial, causando daño real, concreto e irreversible, entonces esos pequeños gestos de bondad cotidiana, momentos ocasionales de ternura y consideraciones baratas no son suficientes para blanquear ni compensar ese mal. Lo bueno existe realmente, y lo malo también existe realmente; ambos pueden coexistir sin contradecirse, no pueden compensarse mutuamente, y así funciona al revés también. Incluso si una persona tiene defectos, errores e imperfecciones, eso no significa que la sinceridad, bondad y esfuerzo que ha demostrado puedan ser negados completamente. No es necesario idolatrar a nadie, tampoco demonizar a nadie, no debes perdonar todos los errores por un poco de bondad, ni debes borrar a toda la persona por un acto de maldad. Evalúa claramente por separado, coloca cada cosa en su lugar, sopesa el peso relativo, distingue claramente entre lo correcto y lo incorrecto; esta es la actitud responsable hacia ti mismo, hacia las relaciones y hacia la verdad, y es también el fundamento para evitar el desgaste interno y la distorsión cognitiva.

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