Las personas son originalmente felices, pero la sociedad desde pequeños nos instala constantemente diversos "programas condicionales": ser el primero en los exámenes es lo que merece felicidad, ganar mucho dinero es lo que significa éxito, ser mejor que los demás es lo que merece felicidad. Con el tiempo, olvidamos que la felicidad es en realidad un estado predeterminado, y hemos estado usando toda nuestra vida para satisfacer esas condiciones implantadas.

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