¿Te has dado cuenta de que lo que más te frustra no son las malas personas, sino aquellas que no asumen las consecuencias, pero les gusta controlarte? Ellos no tienen que ser responsables, por lo que se atreven a dar lecciones de vida; no tienen que pagar un precio, así que interfieren en tu vida. No se lastiman, pero les gusta que les obedezcas. En las relaciones interpersonales, la mayor manipulación es que yo no asumo, tú ejecutas. A partir de ahora, establece tres límites para ti mismo: primero, la sugerencia de alguien que no comparte las consecuencias no tiene prioridad. Segundo, aquellos que no pueden asumir tus riesgos tampoco pueden definir tus elecciones. Tercero, a todas las personas que quieren influir en ti, primero debes preguntar: ¿qué responsabilidad asumes con esta decisión? Por lo tanto, tu vida no debería estar influenciada por personas que no tienen costos.

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