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Hay momentos en que un artista legendario saca un disco mediocre y uno simplemente prefiere mirar hacia otro lado. Pero cuando ese artista es Morrissey, bueno, la cosa cambia. Estamos hablando de uno de los compositores más influyentes de los últimos 45 años, alguien que marcó la sensibilidad de toda una generación de oyentes. Y ahí está su nuevo trabajo, Make-Up Is a Lie, que es básicamente todo lo que no esperabas: nostálgico de manera ingenua, lleno de teorías conspirativas sacadas de internet, sin brillo, sin emoción, directamente tonto.
Morrissey tiene 65 años. Nadie le pedía que repitiera la magia de Viva Hate, Vauxhall and I o You Are the Quarry. Esos discos fueron hitos, especialmente después de lo que fue The Smiths. Pero cuando llega un nuevo trabajo del tipo, siempre hay una expectativa, ¿viste? Es ese cosquilleo que genera saber que alguien de esa envergadura sigue en la cancha. Lo que llegó fue otra cosa: rock de boomer totalmente desangelado.
Lo interesante es que mientras sacaba este álbum, durante 2025 canceló aproximadamente la mitad de sus shows programados. Dos veces seguidas iba a tocar en Buenos Aires y dos veces se bajó. En términos profesionales es un desastre, pero hay algo casi admirable en la idea de que alguien simplemente decida no hacer algo porque no tiene ganas. Morrissey se convirtió en especialista en esto: se levanta una mañana, cancela un concierto por una angina supuesta (tan supuesta que hasta Noel Gallagher de Oasis se lo contó sorprendido a otros después de encontrárselo en un bar la misma noche del show cancelado).
El tipo siempre tuvo ese misterio, esa sensibilidad incomprendida que lo mantiene en un pedestal. Hace poco, a finales de 2024, soltó que había rechazado una oferta millonaria para reunir a The Smiths porque Johnny Marr, su viejo enemigo, la ignoró. Marr respondió que no le interesa compartir escenario con él por sus posturas políticas actuales. Después salió a la luz que todo era mentira, un invento de Morrissey para revolver una interna dormida desde hace décadas.
Y acá viene lo raro. El Morrissey de hoy habla de dictadura del pensamiento único, ataca constantemente a The Guardian acusándolos de una campaña de odio contra él, demandó a usuarios de internet por fabricar su imagen de racista. Pero este es el mismo tipo que en los 80 se burlaba de Margaret Thatcher, que escribió Margaret on the Guillotine, que la policía británica lo investigó bajo la Ley de Sustancias Explosivas por considerarlo una amenaza. Cuando Thatcher murió en 2013, publicó una carta abierta donde la llamaba terrorista.
Entonces, ¿es un facho o no? Probablemente no haya que intentar entenderlo en términos de lógica única. Morrissey siempre fue una contradicción andante. Tal vez lo mejor sea simplemente escucharlo, dejar que sea lo que es, sin intentar justificarlo ni condenarlo.
Pero bueno, ahí sigue Make-Up Is a Lie. Y uno no sabe muy bien qué hacer con eso. Quizá lo mejor sea dejar que pase desapercibido.