Acabo de leer que Konstantin Ignatov, el hermano de la fugitiva fundadora de OneCoin, Ruja Ignatova, fue condenado a una pena de prisión. Lo interesante: él ya se había declarado culpable y había cooperado con las autoridades, pero aun así le impusieron la pena completa de 34 meses, que ya había pasado en prisión.



El desastre de OneCoin es simplemente inimaginable. El juez federal del distrito de EE. UU., Edgardo Ramos, lo describió como un “fraude masivo con cientos de miles de víctimas”. Y eso sí que es una subestimación. De 2014 a 2016, los estafadores supuestamente movieron 3,4 mil millones de euros, con una criptomoneda que nunca existió de verdad.

Lo que me llamó especialmente la atención: Konstantin Ignatov incluso mintió en el tribunal. Afirmó que había desechado su portátil en un cubo de basura en Las Vegas, algo que luego se descubrió que era inventado. De todos modos, luego declaró contra Mark Scott, el exabogado de la Operation, que blanqueó 400 millones de dólares y recibió diez años.

Lo más alucinante es que la mayoría de las víctimas probablemente nunca recuperarán su dinero. El juez ordenó que Ignatov tenía que perder 118.000 dólares, pero eso es una gota de agua en el mar si se compara con los daños. Esta historia completa vuelve a demostrar por qué debería tenerse una cautela extrema con proyectos cripto desconocidos: especialmente cuando los fundadores no son transparentes o cuando la tecnología no es verificable.
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