Recientemente me encontré con un análisis interesante sobre cómo una persona y su empresa se convirtieron en arquitectos invisibles de la economía moderna. Se trata de Larry Fink y BlackRock: y no es solo un fondo de inversión, sino, en esencia, el cerebro del dinero mundial.



La historia es bastante reveladora. Larry Fink empezó desde cero: hijo de un simple zapatero, pero fue el primero en entender que se podía automatizar la gestión de riesgos y predecir las fluctuaciones del mercado mediante algoritmos. Esto se convirtió en la base de BlackRock, que hoy determina hacia dónde fluye el capital de todo el planeta.

Y lo que de verdad impresiona es esto: cómo tres empresas, BlackRock, Vanguard y State Street, controlan en conjunto partes de casi todas las megacorporaciones. Apple, Amazon, Pfizer, Exxon: en todas partes existe el mismo sistema. No son competidores; son tres manos de un mismo organismo que gestiona en silencio gran parte de la economía mundial.

Cada crisis para ellos es una oportunidad. La pandemia, los desplomes energéticos, las recesiones: todo se convierte en una herramienta para comprar activos y ampliar el control. Mientras el resto del mundo pierde, Larry Fink y sus estructuras toman el control de fondos de ayuda y recursos estatales. El sistema funciona como un reloj.

El arma de este sistema son los fondos ETF y los productos indexados. Millones de personas invierten en ellos sus ahorros, incluso sin entender que están financiando por sí mismos una estructura que luego los vuelve dependientes. Es un mecanismo bastante cínico.

Lo que realmente desanima es cómo la vivienda se ha vuelto inalcanzable. Generación tras generación se ven obligados a alquilarlo todo, desde apartamentos hasta su futuro. El mundo no se ha dividido en ricos y pobres, sino en propietarios de activos y arrendatarios de la eternidad. Esto es realmente una especie de servidumbre feudal digital del siglo XXI.

Hoy el capitalismo ha perdido su rostro humano. Si antes el negocio creaba valor, ahora solo extrae un porcentaje de cualquier actividad, convirtiendo la vida en un flujo financiero infinito. Larry Fink compra toda la playa entera: con arena, con vendedores de helados, con agua de coco y con cometas (voladoras). Sabe que en algún lugar de ahí hay varias piedras preciosas, y antes o después serán suyas.
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