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Hace más de veinte años, la princesa Ragnhild de Noruega soltó una frase que parecía casi una maldición: 'Espero morir antes de verla como reina'. Se refería a Mette-Marit, la plebeya que se casaría con el príncipe Haakon. Y bueno, la princesa consiguió su deseo. Falleció en 2012 sin ver ese día. Pero lo que está pasando ahora en la corona noruega hace que sus palabras suenen como una profecía oscura.
La situación es caótica. El hijo de Mette-Marit, Marius Borg, enfrenta un juicio por 38 delitos, incluyendo cuatro acusaciones de violación. Mientras tanto, el nombre de la princesa heredera aparece en los archivos desclasificados de Jeffrey Epstein. Y no solo como un contacto casual: tenían una amistad que incluía mensajes en tono de complicidad. Ella pasó cuatro noches en la mansión de Epstein en Florida. La Corona intentó contener el escándalo emitiendo un comunicado incómodo, pero la verdad ya estaba afuera.
Lo que más duele es la mentira. En 2013, cuando se organizó un encuentro entre herederos de casas reales europeas en Países Bajos, dijeron que Mette-Marit estaba enferma. Los documentos de Epstein revelan que en realidad estaba en Nueva York, con el pederasta. Mientras Felipe y Letizia de España, Victoria y Daniel de Suecia, y otros herederos europeos se reunían, ella faltaba a sus responsabilidades institucionales. El príncipe Haakon asistió solo a ese encuentro.
Ragnhild vio venir todo esto. En aquella entrevista de 2004, también criticó duramente a otra princesa: su sobrina Marta Luisa de Noruega. Cuando Marta Luisa estaba por casarse con Ari Behn, un escritor plebeyo, Ragnhild fue contundente: 'Son negativos para la monarquía, de eso estoy segura'. Y tenía razón. Ese matrimonio terminó en divorcio, y Behn cayó en una depresión profunda que lo llevó al suicidio en Navidad de 2019. Marta Luisa de Noruega, al igual que Mette-Marit, representaba todo aquello que la princesa Ragnhild veía como una amenaza para la institución.
Ahora Mette-Marit tiene 52 años y sufre fibrosis pulmonar desde 2018. En diciembre pasado, la Corona anunció que necesitaría un trasplante de pulmón. El estrés por la situación de su hijo la tiene destrozada. El príncipe Haakon declaró a la prensa: 'Tengo que cuidar de Mette-Marit. Necesita tiempo para recomponerse'. Pero el tiempo no es algo que tengan. La sentencia de Marius podría significar hasta 16 años de cárcel.
El rey Harald, que acaba de cumplir 89 años, se fue a Milán con la reina Sonja para apoyar al equipo nacional en los Juegos Olímpicos de Invierno. Una forma de mantener a la Corona al margen de esta tormenta. En su ausencia, Haakon actúa como regente. Pero la pregunta que todos se hacen es si la monarquía noruega sobrevivirá a esto.
Hay especulaciones de que la princesa Ingrid, quien estudia en Sídney lejos de toda polémica, podría saltarse a su padre en la línea de sucesión. Otras monarquías europeas ya tomaron decisiones drásticas. Felipe VI de España manejó bien la crisis de su padre. En Gran Bretaña, William instó a Carlos III a que soltara definitivamente a su hermano Andrew. Pero Haakon aún no ha mostrado si antepone lo institucional a lo privado. Sus últimas declaraciones públicas sugieren que no: 'Para mí, lo más importante ha sido cuidar de los míos. Apoyamos a Marius en su situación'.
La princesa Ragnhild, aunque llevaba años alejada de la realeza, entendía sus reglas mejor que nadie. No fue una profecía, sino la visión de alguien que lo hizo todo por mantener su Casa Real vigente. Y acertó. Murió en Río de Janeiro sin ver a Mette-Marit convertirse en reina. Pero tampoco vio la catástrofe que vendría después.