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Las declaraciones de Powell y sus aliados resuelven dudas: ¿Está confirmado el recorte de tasas en diciembre?
En las últimas semanas, el mercado ha experimentado un giro dramático en sus expectativas respecto a la acción de la Reserva Federal en diciembre. Lo que hace apenas días parecía incierto —si la institución reduciría nuevamente sus tasas de interés— se ha convertido en una apuesta bastante probable. Este cambio de percepción no es resultado del azar, sino de un conjunto de señales cuidadosamente articuladas desde los mandos superiores de la institución.
El catalizador: un mensaje estratégico desde Nueva York
El viernes pasado (UTC+8), el presidente de la Reserva Federal de Nueva York, Williams, compartió una declaración que encendió los mercados. Williams, como cercano colaborador del presidente Powell, insinuó públicamente que “existe margen para efectuar ajustes de tasas en el corto plazo”. La reacción fue instantánea: la probabilidad de un recorte de tasas en diciembre escaló de aproximadamente 40% a más del 70% en cuestión de horas.
Josh Hirt, economista de Vanguard, interpretó estas palabras como confirmación de un consenso en la cúpula: “Creemos que Powell, Williams y el gobernador Waller conforman un bloque muy cohesionado, complicado de cuestionar”. Esta alineación de los tres líderes más prominentes de la Reserva Federal sugiere que los partidarios de la flexibilización monetaria tienen suficiente respaldo político.
¿Por qué ahora? Las presiones que justifican el recorte
La debilidad del mercado laboral emerge como la justificación principal. Los datos publicados tras el cierre gubernamental revelaron que el desempleo alcanzó el 4,4% en septiembre, su nivel más elevado en casi cuatro años. Simultáneamente, economistas como Matthew Luzzetti de Deutsche Bank advierten que el mercado laboral se encuentra en una “situación frágil”, caracterizada por contrataciones mínimas.
Tom Porcelli de Wells Fargo fue directo al punto: “El deterioro laboral que observamos es suficiente para justificar un recorte de tasas en diciembre”. Este criterio parece ser compartido por la mayoría de los participantes del mercado y del establishment económico.
Sin embargo, Ethan Harris, ex economista jefe de BofA, matiza que la economía exhibe múltiples señales de debilidad que compelen a la Reserva Federal a intervenir, más allá del solo factor laboral.
La precisión en los mensajes desde la cúpula
Es fundamental entender que las comunicaciones de Powell y su círculo íntimo no ocurren por casualidad. Krishna Guha de Evercore ISI explicita esta lógica: “Aunque Williams podría estar expresando una opinión personal, las señales emitidas por los ‘tres grandes’ sobre cuestiones críticas de política casi siempre contienen la aprobación tácita del presidente; emitir tal mensaje sin la aceptación de Powell sería irresponsable”.
Esto significa que la reciente insinuación de Williams debe interpretarse como un aval implícito de las declaraciones de Powell sobre una posible flexibilización monetaria. El mercado lo ha capturado correctamente.
Las tensiones internas que permanecen
A pesar de este aparente consenso en la cúpula, existen profundas divisiones internas. La presidenta de Boston, Collins, ha expresado abiertamente su preocupación por la inflación. La presidenta de Dallas, Logan, fue aún más contundente, cuestionando incluso los recortes anteriores.
Harris identifica el corazón de estas discrepancias: la Reserva Federal enfrenta un dilema sin salida aparente. La economía actual presenta rasgos de estanflación —desempleo moderado pero con presiones inflacionarias—, una combinación para la cual no existe una respuesta política evidente.
Las diferencias fundamentales giran en torno a si la política actual es restrictiva o expansiva (los antiinflación ven fortaleza en mercados de capital; los proclive a recortes señalan restricciones en vivienda), y cómo interpretar la inflación cuando los aranceles generan distorsiones en los datos.
El contexto peculiar: decisión bajo “vacío de datos”
Un factor adicional complica todo: debido al cierre gubernamental sin precedentes, la Reserva Federal carecerá de los datos más recientes de empleo e inflación para la reunión del FOMC de diciembre. Esto coloca la decisión en un terreno de incertidumbre parcial.
Mester, ex presidenta de Cleveland, sugiere que Powell podría utilizar la rueda de prensa posterior para caracterizar este recorte como “preventivo”, tras el cual la institución evaluará cómo responde la economía.
Hirt añade una consideración estratégica: los funcionarios que se oponen al recorte han enviado un mensaje igualmente importante: la Reserva Federal no actúa “por actuar”. Esto evita que el mercado anticipe una inflación mayor derivada de una política demasiado laxa, limitando así las consecuencias negativas potenciales de un recorte en un contexto de presiones inflacionarias residuales.
La votación de diciembre promete ser, en palabras de Harris, “interesante”. El resultado final podría determinarse en el mismo momento de la reunión.