Trabajar en una gran ciudad es como tener un truco universal en la mirada de los familiares, desde presentar ofertas de trabajo, redactar propuestas gratuitas hasta ayudar a hacer citas, todas las solicitudes parecen tan “fáciles”. Si se logra, es algo natural; si no, es porque no eres lo suficientemente considerado. La forma digna que he aprendido para rechazar es: primero dar una promesa vaga “Le preguntaré”, luego enfatizar la dificultad objetiva “Ahora este proceso es especialmente complicado”, y finalmente devolver el problema con elegancia “Si usted tiene conocidos allí, podemos buscar una solución juntos”. Aprender a devolver los temas a su dueño, en lugar de usar tu tiempo y recursos para llenar un pozo sin fondo. Ayudar a los demás es un acto de cariño, proteger tu propia energía es tu deber.

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