La estupidez es una deficiencia moral, no una deficiencia intelectual. Algunas personas tienen una inteligencia superior, pero son tontos; y otras tienen una inteligencia baja, pero no son tontos. Como producto de ciertos entornos específicos, nos sorprendemos al descubrir esta situación, la verdadera estupidez no es que el cerebro no funcione lo suficiente, sino que el corazón ha elegido cerrarse. Cuando una persona renuncia activamente a pensar de forma independiente y no escucha la voz de la conciencia, cae en esta deficiencia moral, que no es un problema de inteligencia, sino el resultado de una elección interior.

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