La importancia de una persona no se basa en la explicación, sino en la reacción.


Cómo los demás te tratan, en gran medida, depende de cuánto permits que te traten así.
Lo que expresas, define tu postura;
Lo que refutas, mantiene tus principios;
Lo que rechazas, delimita tus límites;
Lo que vuelves la espalda, muestra tu línea de fondo;
Tu enojo, no es pérdida de control, sino la defensa de tu dignidad;
Tu decisión, no es impulsividad, sino la capacidad de asumir la elección;
Lo que luchas, no es por ser competitivo, sino por ser responsable de ti mismo.
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