Cuando por la actitud poco amable o la impaciencia de otros te pones nervioso o dudas de ti mismo de manera instintiva, esto suele no ser un problema del momento, sino una reacción automática dejada por experiencias pasadas.


Alguna vez, para protegerte en un entorno inestable, aprendiste a tomar las emociones de los demás como una "señal de peligro", y así, a través de complacer o reprimir, buscabas sentirte seguro.
Pero este mecanismo es solo una estrategia de supervivencia de la infancia y no es aplicable a tu situación actual.
Lo verdaderamente importante es darte cuenta de que: en el presente ya tienes la capacidad de distinguir entre la realidad y el pasado, y no necesitas usar una sensibilidad excesiva para protegerte.
Las emociones de los demás son suyas, no tienes que responsabilizarte por ellas; solo necesitas mantenerte firme, concentrarte en tus propios sentimientos y decisiones.
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