Lo que se denomina "normal", no es más cercano a la verdad, sino simplemente más cercano al estado de la mayoría de las personas; "anormal" tampoco necesariamente implica error, es solo una desviación del orden dominante. Cuando un individuo necesita demostrar su estado a través de una auto-narrativa, la evaluación ya ha pasado de ser objetiva a ser una construcción subjetiva, la persona es tanto un objeto definido como un participante en esa definición, formando así una paradoja: dependemos de la experiencia subjetiva para establecer estándares, pero usamos estos estándares para negar la credibilidad de lo subjetivo. En un nivel más profundo, la conciencia humana es en sí misma una coexistencia de voces múltiples, la racionalidad, las emociones y los deseos son solo diferentes aspectos nombrados; lo que se llama normal, no es más que el equilibrio en el que estas voces se mantienen dentro del rango permitido por la sociedad, y lo anormal, es la relajación y manifestación de ese equilibrio. Por lo tanto, lo que realmente merece reflexión no es si el individuo se desvía de la realidad, sino si la realidad en la que confiamos es en sí misma solo una imaginación mayoritaria sin cuestionar.

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