Las personas que piensan demasiado generalmente se centran en tres cosas:


Primero, rumiar el pasado: pensar repetidamente en lo que ya sucedió, para confirmar "¿estaba en lo correcto en ese momento? ¿fue muy malo?".
Segundo, catastrofizar el futuro: siempre prever los peores resultados, preocuparse de "¿y si no lo predije y todo sale mal?".
Tercero, interpretar en exceso a los demás: enredarse en una frase o una mirada, preocuparse de "¿me odian? ¿me abandonarán?".
La esencia es: todos estos son intentos de confirmar "¿estoy seguro ahora?".
¿He cometido un gran error? ¿Va a pasar algo? ¿Me negarán o me abandonarán?
Muchas personas tienen un patrón similar, que suele venir del entorno de crecimiento: baja tolerancia a los errores, minimizar problemas para alertar, e incluso acompañar con castigos.
Con el tiempo, el cerebro forma la creencia: mientras cometa errores o moleste a otros, seré negado o abandonado.
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