Una vez que una persona recupera su subjetividad, ya no construirá su autoestima en la aprobación y valoración de los demás, porque tener expectativas implica ser pasivo; el estado verdadero es ser fiel a uno mismo, expresarse con naturalidad, las relaciones se mantienen si son compatibles y se disuelven si no lo son, sin colocarse en la posición de víctima, expresando oportunamente cuando algo no es cómodo en lugar de consumir energía en conflictos internos, y enfrentando los conflictos con valentía asumiendo las consecuencias; en la interacción interpersonal, ya no se ve a uno mismo como un objeto a ser juzgado, sino que se presenta con confianza y apertura, y en asuntos grandes y pequeños mantiene decisiones propias y establece límites claros; incluso frente a la presión o negación de otros, puede ver con calma sus motivos sin perder la compostura, y esta conciencia no es una dureza externa, sino que vuelve a tomar el control sobre uno mismo, los valores y los juicios, confirmando proactivamente la existencia propia: estoy aquí, y tengo mis razones.

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