El reloj despertador en mi mesa últimamente se ha convertido en un recordatorio: cada vez que cambia un tema candente, me da ganas de meter la mano, y cuando veo a alguien enlazando el flujo de fondos de ETF, la preferencia de riesgo en las acciones estadounidenses y las subidas y bajadas en el mundo de las criptomonedas en una “lógica inevitable”, mi cerebro empieza a rellenar automáticamente la historia… En definitiva, esto es economía de la atención, la gente compite por tus emociones más rápido que por tu dinero.



Mi método torpe actual es: cuando suena el despertador, primero paro 10 minutos, sin añadir posiciones, sin cruzar cadenas, sin seguir las tendencias. Si realmente voy a actuar, solo sigo la ruta que conozco, echo un vistazo a la liquidez del otro lado del puente, y no me dejo llevar por la emoción y tiro los activos en un pool que de repente se queda sin fondos. Puedo mirar las tendencias, participar si quiero, pero no tomo “lo que está caliente hoy” como “lo que será correcto mañana”. De todos modos, prefiero perder la oportunidad, sentirme más cómodo sin que me corten varias veces.
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