Últimamente, todos hablan de disponibilidad de datos, orden, finalidad, y cuanto más términos técnicos, más parece una vieja emisora de radio en frecuencia, todo ruido. En pocas palabras, hay una línea clave: envías una transacción, ¿quién la pone en fila primero?, ¿hay un lugar donde todos puedan consultar los datos en cualquier momento?, ¿puede realmente confirmarse sin posibilidad de retractación al final? Si el orden se desordena, es fácil que alguien se adelante; si los datos no se publican, es como si la grabación no existiera; si la finalización no es estable, es como escuchar una canción y que la corten a mitad.



También están esas cosas de minería social, tokens de seguidores, esa idea de “la atención es minería”, que aunque es popular, siempre me pregunto: si se acaba la atención, ¿el libro mayor todavía puede autoverificarse? Luego pensé que era bastante ridículo; todos están pendientes de las tendencias en las búsquedas, pero en la cadena, esas tareas básicas en realidad no atraen a nadie a echar un vistazo más de dos veces. De todos modos, ahora lo primero que miro en un proyecto es si explican las cosas con palabras humanas, y lo demás lo voy escuchando despacio.
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