Mi gato hizo tres agujeros en el sofá que acabo de comprar.


Lo regañé, él me miró con cara de inocente y luego giró la cabeza y se fue.
A la mañana siguiente, descubrí que había hecho pipí en mi cama, justo al lado de la almohada.
Me puse tan enojado que temblaba, él estaba sentado en el alféizar de la ventana, entrecerrando los ojos mirándome, con una expresión que decía: "¿Me regañas? Sigue regañándome."
Lo soporté, y silenciosamente desmonté la sábana para lavarla.
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