En 10 años, las personas con la mayor ventaja no serán los mejores desarrolladores de software, científicos de datos o ingenieros.


Serán aquellos con inteligencia social, profundidad emocional y la capacidad de construir una confianza genuina con otros humanos.
La IA convertirá en mercancía todas las habilidades duras imaginables. Pero la buena noticia es que nunca aprenderá a leer una sala, ganar la lealtad de alguien o hacer que una persona se sienta comprendida.
La habilidad más valiosa del futuro no es técnica.
Es humana.
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