Hace tres años, un amigo fue diagnosticado con cáncer en etapa terminal, y lloraba como un niño en la cama del hospital.


Por un impulso, se me ocurrió una mala idea: "¿Por qué no abres una cuenta para invertir en acciones? Es mucho más estimulante que la quimioterapia".
Y sorprendentemente, él realmente lo hizo. Tres años después, ese amigo, con rostro radiante, me invitó a comer hotpot.
Tenía curiosidad por saber cómo había superado esa prueba, y él de repente tomó mi tenedor y se llevó un trozo de tripa de vaca,
gruñendo con dientes apretados: "¿Sabes cuánto he perdido? Cada mañana, al abrir los ojos, pienso en que los grandes fondos aún no me han liquidado, no puedo tragar esa rabia, incluso el Rey de los Muertos tendría que ponerme en la fila de atrás".
En ese momento, lo entendí. Nada, ni los medicamentos dirigidos ni las inyecciones inmunitarias, es tan estimulante como esa porción de verde en la saldo de la cuenta.
Ahora su enfermedad está estable, pero su carácter se ha vuelto más irritable, y de vez en cuando grita: "¡El mercado de valores no me asusta, y el cáncer tampoco!".
Ver originales
Esta página puede contener contenido de terceros, que se proporciona únicamente con fines informativos (sin garantías ni declaraciones) y no debe considerarse como un respaldo por parte de Gate a las opiniones expresadas ni como asesoramiento financiero o profesional. Consulte el Descargo de responsabilidad para obtener más detalles.
  • Recompensa
  • Comentar
  • Republicar
  • Compartir
Comentar
Añadir un comentario
Añadir un comentario
Sin comentarios
  • Anclado