Últimamente he visto a varios viejos grupos de NFT discutiendo sobre el precio mínimo, diciendo que en realidad el precio mínimo es como un termómetro de emociones, cuando está frío hay muchas órdenes, cuando está caliente se apuesta a un precio fijo... pero la liquidez es demasiado realista: cuando las regalías bajan, las transacciones a corto plazo son más fluidas; cuando suben, los creadores pueden respirar, pero el precio mínimo se asemeja más a un lago congelado, pisarlo cruje.



La narrativa también es bastante misteriosa: con la misma imagen, hablar de "arte" es lento para calentarse, hablar de "derechos" genera más agitación, y hablar de "recompra" se convierte en un juego de vigilar el mercado.

¿Debería vigilar el precio mínimo?
Sí, si no lo hago, ¿cómo sabré si estoy en la comunidad o solo en una autofelicitación?

Por cierto, en la reciente discusión sobre los límites entre monedas de privacidad, mezcladores y cumplimiento, siento que también se refleja en NFT: todos dicen que quieren descentralización, pero en la práctica todavía optan por la vía de "vender mejor". De todos modos, ahora primero miro la profundidad de las órdenes en el mercado, y luego quién empieza a escribir pequeños ensayos en el grupo.
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