He notado un punto interesante en las discusiones recientes en las plataformas: cada vez menos la gente recuerda cómo fue en 2019. Bloomberg recientemente abordó este tema, y realmente merece atención.



A medida que pasa el tiempo, la memoria colectiva de la crisis se vuelve cada vez más difusa. Los hospitales llenos, la incertidumbre, las decisiones difíciles, todo esto se va borrando gradualmente de la conciencia pública. Y esto crea un problema serio.

Aquí está la cuestión: la forma en que recordamos el COVID-19 afecta directamente cómo reaccionará la sociedad ante futuras crisis de salud. Si olvidamos las lecciones que aprendimos, corremos el riesgo de cometer los mismos errores.

La dificultad radica en que las decisiones políticas y la percepción pública en gran medida se basan en la memoria de eventos pasados. Cuanto más nos alejamos de 2019, más débil se vuelve nuestra preparación. Y esto tiene consecuencias significativas para la preparación global en salud.

Es crucial no permitir que estos recuerdos se desvanezcan por completo. Es necesario mantener la comprensión de las dificultades y las lecciones aprendidas; esto es la base para prepararnos ante posibles pandemias en el futuro. El tiempo trabaja en nuestra contra en este sentido.
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