En la puerta de la casa del viejo tonto había dos grandes montañas bloqueando el camino, él decidió nivelarlas, el anciano sabio se rió de su necedad. El viejo tonto dijo, "Cuando yo muera, mis hijos y nietos, generación tras generación, podrán hacerlo eventualmente." El dios de las montañas le contó esto al emperador celestial, quien quedó conmovido por la sinceridad del viejo tonto, y ordenó al dios de la fuerza que removiera las dos montañas. Esta profecía enseña a la gente que: sin importar qué dificultades encuentres, la primera frase que digas será más efectiva que trabajar varias generaciones.

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