Estos días, revisando registros de operaciones pasadas, descubrí que lo que más me hace perder la cabeza no es el mercado spot, sino cuando compro opciones: claramente no me equivoco en la dirección, pero al final, se va perdiendo poco a poco, como la batería del teléfono que se agota lentamente, y al final ya no me molesto en rastrear en qué momento empezó a ir mal... Por el contrario, en el lado del vendedor, las ganancias son más lentas pero la mentalidad es más como trabajar, vigilando que no explote el margen, cobrando cuando hay que cobrar, bastante sin romanticismo.



En pocas palabras, la mayoría del valor temporal se come la paciencia y la indecisión del comprador, el mercado no necesita que te equivoques, solo que no seas lo suficientemente rápido; el vendedor asume riesgos y disciplina, ganando el dinero que “otros no pueden esperar”, pero si llega un cisne negro, hay que aceptarlo. Ahora, viendo esa tendencia de minería social y tokens de seguidores, esa idea de “la atención es minería”, también tengo cierta empatía: la atención en realidad es tu valor de tiempo, que se va descontando lentamente, y la recompensa final quizás no valga lo que cuesta... De todos modos, seguiré el proceso, mientras no tenga que apostar, no apostaré.
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