Antes, cuando escuchaba “disponibilidad de datos / ordenamiento / finalización”, me mareaba; ahora, en cambio, creo que basta con seguir una línea principal: si tu transacción ha sido “registrada” y cuánto tiempo se necesita para considerarla verdadera. El ordenamiento, en pocas palabras, es quién va primero y quién después, si alguien puede saltarse la fila; la disponibilidad de datos es si otros pueden acceder al contenido del libro de cuentas y verificarlo; la finalización es cuánto tiempo necesitas esperar para estar seguro de que no se revertirá. Por otro lado, en el ámbito macro se discute sobre expectativas de reducción de tasas, el índice del dólar y cómo las monedas de riesgo suben y bajan juntas; parece que todo eso es más una cuestión de emociones, pero en la cadena esas tres cosas son más sólidas: por más que la atención sea alta, al final todo se reduce a “puede verificarse, puede liquidarse, y la liquidación no puede revertirse”. Ahora, cuando evalúo proyectos, ya no me fijo tanto en los términos técnicos, sino en los ingresos reales y las direcciones activas, y luego pregunto: en caso de problemas, ¿quién respalda esas cuentas? Así por ahora.

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