Últimamente estoy observando un fenómeno interesante. Cada vez más empresas están convirtiendo la capacitación y el desarrollo de empleados de un centro de costos en una inversión estratégica, y este cambio está ocurriendo mucho más rápido de lo que pensaba.



La lógica anterior era muy simple: en tiempos de tensión económica, se recortan los presupuestos de capacitación, considerando el desarrollo de empleados como una tarea de Recursos Humanos. Pero ahora la situación es completamente al revés. Según el último informe del sector, el noventa por ciento de los altos ejecutivos a nivel mundial planea mantener o aumentar la inversión en aprendizaje y desarrollo en el próximo año. No son cifras pequeñas.

¿Y por qué sucede esto? En definitiva, es por la realidad que nos obliga. Los cambios tecnológicos son demasiado rápidos, el costo de rotación de empleados es muy alto, y solo las empresas que logren retener talento podrán sobrevivir más tiempo. Los datos también son contundentes: el 95% de los gerentes de Recursos Humanos reconocen que mejores programas de capacitación y desarrollo de habilidades aumentan la retención de empleados. Además, el 73% de los empleados dicen que si la empresa les ofrece mejores oportunidades de aprendizaje, permanecerán más tiempo. Haciendo cuentas, retener a un empleado cuesta mucho menos que volver a contratar y capacitar a un nuevo trabajador.

Pero aquí hay un detalle que vale la pena destacar. No todos los programas de capacitación laboral son iguales. Las empresas realmente efectivas hacen dos cosas: una es el upskilling, que consiste en mejorar las habilidades de los empleados en sus puestos actuales; la otra es el reskilling, que implica formar a los empleados para que puedan desempeñar roles completamente nuevos. La primera mantiene la competitividad, la segunda ayuda a afrontar la obsolescencia tecnológica. Las empresas que hacen ambas cosas, tienen una participación y productividad de los empleados claramente superiores.

He notado que las empresas que mejor ejecutan esto comparten algunos puntos en común. Primero, sus programas de capacitación no son aislados. Cada programa de desarrollo está directamente conectado a objetivos comerciales específicos —puede ser mejorar la satisfacción del cliente o acelerar la incorporación de nuevos empleados. Segundo, los recursos de aprendizaje están disponibles en cualquier momento. Los empleados pueden acceder cuando lo necesitan, no solo en las sesiones anuales de capacitación. Esa flexibilidad realmente cambia la efectividad del aprendizaje.

Hay otro punto que a menudo se pasa por alto: el rol del gerente directo. Si el gerente no participa, por muy buena que sea la plataforma de capacitación, no servirá de mucho. Las empresas que logran convertir a los gerentes en facilitadores del aprendizaje, siempre obtienen mejores resultados.

Por supuesto, la tecnología ha cambiado las reglas del juego. La transición de aulas físicas a plataformas digitales hace que el aprendizaje sea más barato, accesible y fácil de rastrear. Pero he visto muchas empresas que complican demasiado los sistemas, lo que genera más fricciones. Las mejores herramientas son en realidad muy simples: fáciles de crear y actualizar, que soporten múltiples dispositivos y que puedan generar datos para optimizar.

Muchos errores que todavía cometen las empresas son evidentes. Tratar la capacitación como un evento único, una vez al año. O centrarse solo en la formación de cumplimiento normativo, ignorando la verdadera construcción de capacidades. Y, sobre todo, no escuchar a los empleados, quienes están más cerca del trabajo y saben exactamente dónde hay que mejorar.

Pero al final, la tecnología y los procesos son solo la superficie. Las empresas que realmente logran resultados sostenibles son aquellas que convierten el aprendizaje en parte de su cultura laboral. No como una tarea adicional, sino como una parte cotidiana. La dirección debe demostrar curiosidad, reconocer a los empleados que buscan crecer, y ver el fracaso como una oportunidad de aprendizaje, no como un castigo.

Este cambio es claro: la capacitación y el desarrollo de empleados han pasado de ser un tema marginal a convertirse en un centro estratégico. La velocidad del cambio en habilidades es demasiado rápida, las expectativas de los empleados son muy altas, y el costo de perder talento es demasiado grande. Quien tome en serio esto, podrá construir equipos más competitivos. Por el contrario, las empresas que todavía ven el desarrollo como una tarea de última hora, solo verán cómo la brecha se amplía cada vez más.
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