¿Alguna vez has notado que muchas veces vivimos muy cansados, sintiendo que estamos limitados en todas partes? Especialmente en los negocios, las inversiones, o cualquier campo que requiera competencia, cuanto más te esfuerzas por ganar, más fácil es que tus acciones se deformen y termines cayendo con mucha gravedad.


En realidad, lo que realmente nos bloquea no son los oponentes externos, sino esa cosa que puedes percibir claramente todos los días, pero que en realidad es solo una ilusión: el yo.
El estudio del zen, desde hace mucho, ha visto a través de esto: el yo no existe en absoluto.
Lo que llamamos el yo no es más que una mentira descarada que nos contamos a nosotros mismos todos los días. Vivimos como si estuviéramos en un sueño apasionado, aferrándonos firmemente a esa ilusión. Esto no solo consume una enorme cantidad de nuestra energía, sino que también nos sumerge en un desgaste interno sin fin, e incluso puede dañar nuestro cuerpo y acortar nuestra vida.
La verdadera felicidad y la iluminación cognitiva comienzan con olvidar el yo para poder ver claramente quiénes somos en realidad.
Todos pueden saborear esto con calma.
Muchas personas, al sentarse a jugar, tienen en la cabeza solo ganar, qué hará el oponente, si mi movimiento es correcto.
Pero los verdaderos maestros de élite nunca se dejan atrapar por estas cosas de baja dimensión. Ellos comprenden una verdad: cuando olvidas completamente el yo y también olvidas al oponente en ese instante, la victoria sucede de forma natural. Porque en dimensiones superiores, tú y el oponente nunca son opuestos; simplemente son las dos mitades de todo el sistema, de toda la situación.
Este estado, en nuestras palabras actuales, se llama un flujo de conciencia extremo, una divinidad desprendida de las emociones primitivas humanas. ¿Por qué CZ, al enfrentarse a una competencia extrema, al escribir críticas negativas o al desprestigiar, siempre transmite una sensación de tranquilidad sin conflictos con el mundo? Porque ya ha eliminado ese yo ansioso y temeroso.
Cuando dejas de intentar demostrar lo inteligente que eres, cuando dejas de pelear con ese falso valor del yo, tu intuición y tu sensibilidad se amplifican exponencialmente. Ya no eres ese guerrero nervioso que corre con una espada cortando a lo loco; te conviertes en el propio campo de batalla. Cada uno de tus movimientos ya no busca vencer a alguien, sino simplemente seguir las leyes naturales de este mundo.
Por eso, la próxima vez que sientas una presión insoportable, que te sumerjas en una locura de autocrítica, o que en cualquier competencia sientas que te estás asfixiando, detente.
Intenta soltar ese yo que aprieta con fuerza. No te obsesiones con el enemigo, ni tampoco con ti mismo; funde toda tu atención en el momento presente que estás viviendo. No temas perder el yo, porque cuando realmente lo olvides, ese será el comienzo de tu poder ilimitado.
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