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La pregunta de cuán resistente es la infraestructura física de la red Bitcoin ha sido durante mucho tiempo una cuestión sin respuesta. El estudio publicado la semana pasada por investigadores de Cambridge ofreció una respuesta interesante a esta pregunta: para realmente paralizar la red, sería necesario cortar simultáneamente entre el 72% y el 92% de los cables submarinos entre continentes en todo el mundo.
El estudio comparó 68 incidentes reales de fallos en cables, analizando datos de una red peer-to-peer de 11 años. Su hallazgo es bastante tranquilizador: las fallas aleatorias en los cables tienen casi ningún efecto en Bitcoin. Más del 87% de los incidentes analizados afectaron a menos del 5% de los nodos. Incluso el mayor incidente ocurrido en febrero de 2024 frente a las costas de Costa de Marfil tuvo un impacto global de solo el 0,03%.
Pero aquí es donde empieza lo interesante. Aunque las fallas aleatorias son inofensivas, los ataques dirigidos cuentan una historia muy diferente. Un ataque coordinado contra cables críticos que actúan como puentes entre continentes puede reducir ese umbral al 20%. Aún más inquietante, se ha identificado como objetivo a cinco grandes proveedores de hosting: Hetzner, OVH, Comcast, Amazon y Google Cloud. En ese escenario, basta con eliminar solo el 5% de la capacidad de enrutamiento.
La diferencia entre eventos naturales aleatorios y ataques dirigidos a nivel estatal revela dos modelos de amenaza fundamentalmente distintos. El primero es un escenario en el que Bitcoin puede sobrevivir con relativa facilidad. El segundo representa un riesgo serio.
También es interesante observar cómo ha cambiado la resistencia a lo largo del tiempo. Entre 2014 y 2017, la red era geográficamente diversa y alcanzó su punto más resistente. Luego, entre 2018 y 2021, se centralizó rápidamente, volviéndose más vulnerable, especialmente debido a la concentración de minería en Asia Oriental. En 2021, la prohibición de minería en China obligó a redistribuir la red, mejorando parcialmente su resistencia.
Quizás la revelación más sorprendente sea sobre el uso de TOR. Actualmente, el 64% de los nodos de Bitcoin utilizan TOR, lo que oculta su ubicación física. La primera hipótesis era que esta privacidad podría hacer a la red más vulnerable. Pero el estudio mostró exactamente lo contrario. La infraestructura de TOR está concentrada en países como Alemania, Francia y los Países Bajos, que también son los lugares con mayor densidad de cables submarinos. Como resultado, el uso de TOR contribuye a la resistencia en un rango del 2% al 10%.
Este es un ejemplo de cómo la comunidad de Bitcoin ha evolucionado involuntariamente hacia una infraestructura resistente a la censura. Tras eventos como el cierre de internet en Irán en 2019, el golpe de Estado en Myanmar y la prohibición de minería en China, el uso de TOR aumentó. Sin coordinación central, la red se dirigió hacia una autoprotección, lo que accidentalmente la hizo más fuerte frente a ataques físicos.
Con el Estrecho de Ormuz actualmente cerrado y las tensiones en Oriente Medio, el riesgo de corte de cables submarinos ya no es solo teórico. Sin embargo, el estudio muestra que, a menos que estos cables sean específicamente atacados, probablemente no pase nada. Las fallas aleatorias no logran derribar a Bitcoin. Pero un ataque coordinado y dirigido sería otra historia.