¿Nace el "robot rana", para ayudar en la medicina del futuro?

robot
Generación de resúmenes en curso

Revista “Muy Interesante” de España, artículo del 5 de abril, título original:
¿Y si los robots pudieran fabricar sus propios cerebros? ¿Qué pasaría cuando las fronteras entre la robótica y la biología se vuelvan casi indistinguibles? ¿Nacerían monstruos artificiales como en la novela “Frankenstein”?
Un estudio reciente en el campo de la ingeniería de sistemas vivos fusiona células de rana en el cuerpo de robots, creando “bio-robots” con sistemas nerviosos propios.

Plasticidad celular asombrosa

Recientemente, en un artículo publicado en la revista alemana “Ciencia Avanzada”, investigadores de la Universidad de Tufts y Harvard en Estados Unidos desarrollaron los primeros bio-robots autónomos utilizando células precursoras neuronales (un tipo de célula inmadura con capacidad de autorrenovación y diferenciación múltiple, que puede convertirse en neuronas, astrocitos y oligodendrocitos).
Este estudio no solo desafía nuestra comprensión de los robots, sino que también revela la plasticidad celular: las neuronas pueden crecer, desarrollarse y construir redes lógicas fuera del entorno biológico natural.

La base de la construcción de estos bio-robots es tejido epitelial de la rana africana de uñas.
Normalmente, estas células forman la piel del animal, proporcionando una barrera protectora.
Sin embargo, los científicos, usando técnicas de morfología sintética, extrajeron estas células de su entorno original y las recombinaron para que operaran en una nueva forma física coordinada, convirtiéndolas en “bio-robots”.
La diferencia fundamental con experimentos anteriores radica en que añadieron “fragmentos inteligentes”: células precursoras de neuronas.
Cuando estas células nerviosas se introducen en el cuerpo del bio-robot, ocurre un proceso de autoensamblaje similar a la ciencia ficción.
Las neuronas implantadas maduran gradualmente, extendiendo axones y dendritas, formando sinapsis funcionales dentro del cuerpo artificialmente diseñado.
Las células exploran su entorno, buscan células cercanas y establecen redes de señales eléctricas, sin que los ingenieros tengan que conectarlas una a una bajo el microscopio.

Las redes neuronales no son solo decorativas

Para entender el mecanismo molecular de funcionamiento del robot, los investigadores usaron una técnica llamada secuenciación de ARN.
Esta técnica les permite observar qué genes en las células del bio-robot están activos o “encendidos” en momentos específicos.
Los resultados revelaron un hallazgo técnico inesperado que nos obliga a reconsiderar la percepción en la biología sintética.

El estudio mostró un hecho sorprendente sobre las capacidades sensoriales de estos seres vivos.
A pesar de carecer de ojos o estructuras en la cabeza, estos bio-robots pueden activar espontáneamente genes relacionados con la percepción visual.
Este fenómeno indica que las neuronas conservan algún tipo de memoria de su linaje, o que, al encontrarse en una nueva estructura corporal, intentan activar vías sensoriales para interpretar su entorno.
Sugiere que, incluso sin órganos sensoriales tradicionales, la vida continúa explorando nuevas formas de percibir el mundo.
Para confirmar que esta red neuronal no es solo un “adorno” estructural, los equipos de Harvard y Tufts usaron tecnología de imagen de calcio.
Esta técnica de visualización permite a los científicos observar en tiempo real el momento y la forma en que se activan las señales eléctricas entre las células.
Con fluorescentes que reaccionan a la corriente de calcio, los científicos pudieron ver cómo estas neuronas bio-robot interactúan mediante señales eléctricas.

Posible sistema de control muscular sintético

Un microscopio de alta resolución confirmó la existencia de una red lógica operativa.
La imagen de calcio mostró pulsos de actividad eléctrica sincronizados, que coordinan el comportamiento del bio-robot.
Cuando se produce un estímulo externo, los impulsos en la red neuronal provocan respuestas en el bio-robot, permitiéndole interactuar con su entorno.
Este “inteligencia básica” permite que los bio-robots se muevan de maneras diferentes a los robots simples sin sistema nervioso.

Estos robots no son el “Frankenstein” de laboratorio, sino una exploración de los límites de la vida.
Al dotar a los bio-robots de un sistema nervioso, los investigadores están sentando las bases para nuevas tecnologías médicas.
En el futuro, sistemas similares podrían diseñarse para navegar autónomamente en el cuerpo humano, detectar daños en tejidos y coordinar procesos de reparación complejos usando sus capacidades biológicas.
Comprender cómo las neuronas se remodelan en entornos artificiales abre posibilidades para diseñar sistemas de control neuromuscular sintético de alta precisión.
El nacimiento de estos sistemas vivos con redes neuronales propias marca un punto de inflexión en la ingeniería biológica.
(Autor: Santiago Campillo Brocar, traducido por Luo Yun)

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